lunes, 19 de octubre de 2009

Martirio corporal, crecimiento espiritual.



"...después del verano ausente, me magullé el brazo derecho gravemente, por bloquear directamente una fuerte patada. El brazo estaba morado, negro, rojo oscuro y verde desde el codo a la muñeca. Recibí la patada un miércoles, y como el jueves el dojo (lugar de entrenamiento) estaba cerrado por la práctica de los profesores, debí entrenar en casa como siempre...El viernes fui al dojo y asistí a la clase matutina, mas cuando llegó el momento de la parte de "kumite" o "pelea" de la lección, hice una inclinación y abandoné el dojo, no deseando lastimar más mi brazo.
Okuda (un sempai o "alumno aventajado" de karate) salió del dojo y me regañó por abandonar la clase. Protesté:
-!Pero mi brazo...!
-!No hay diferencia! Has vestido tu karategui (traje de karate) y has entrado a la lección. Es inadecuado y descortés retirarse antes del final, especialmente por una cosa tan insignificante. !Regresa!
Una vez de vuelta al dojo tuve que pelear, estaba muy equivocado si creía que los otros serían benignos con el brazo lastimado. Al proteger el brazo herido lo mostré como debilidad a mis adversarios y fue aprovechada como tal. El resto de la lección fue una desdicha feroz y encolerizada de dolor espasmódico y furia reprimida. Pero me sorprendí de mí mismo y luché bien, derrotando a un par...
Cuando estábamos cambiándonos, pregunté a otro cinta negra por qué mi lesión había sido desdeñada por mi sempai.
-No lo desdeñaron -respondió- . Hicieron esto por tu propio bien. Si te pones tu cinta verde y entras al dojo, quiere decir que estás dispuesto a aceptar la responsabilidad de tus acciones y tu jerarquía. Por lo tanto debes estar dispuesto a pelear, a vencer y a perder. Te observé Nic-sam. Luchaste bien. Así que no esperes que consintamos tus debilidades. Seríamos muy malos sempai si hiciéramos eso. Tu debilidad se encrementaría únicamente, y pronto cualquier excusa te impediría pelear, luchar o no aceptar las consecuencias. Somos como soldados. Cuando un soldado va a la guerra se pone su uniforme, lleva un arma y va a la guerra, está dispuesto obviamente a pelear y a matar a sus enemigos. Si está dispuesto a matar, entonces debe estar preparado para morir. Es lo correcto. Debemos cultivar el espíritu. Debes estar agradecido con tu sempai por mostrarte tanta atención. Si Okuda no se interesara en ti, te hubiese permitido salir. ¿Entiendes?..."

Nicol, C.W. Zen en Movimiento: EL karate como un camino a la nobleza.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Contrastes.


1.
"El guerrero cargó toda su vida con una pesada armadura.
En las campañas, dormía con gran parte de ella.
La experiencia le había otorgado razón en una cosa:
con armadura se sobrevive.

Ahora ya viejo, lloraba por no haberse mostrado sin ella.
Lloraba por no haber utilizado el máximo de agilidad moza.
Se acongojaba por no haber golpeado con puños y piernas desnudas.

Pero más sufría de no haber muerto a manos de alguna joven
Que clavara la espada del amor en su corazón…
La daga de la felicidad…
La flecha de la tranquilidad…
El puño de la plenitud…

¡Cuánto añoraba ser joven!”
Autor: Héctor Hernández Opazo.


2.
El viento soplaba desde lo alto de unas majestuosas colinas.
El guerrero y sus ejércitos esperaban en el valle la embestida
de unos bárbaros de piel oscura
Hedor mezcla de sudor, tierra, bestias salvajes, y sangre

El suelo temblaba…las bestias hablaban…los hombres rugían.
No había vuelta atrás.
No había posiblidad de retorno.
El miedo les calaba los huesos.

Sólo en su fantasía el guerrero podía volver atrás…
La pulcritud y simpleza de su hogar,
Las líneas finas y delicadas de su arquitectura,
El olor de flores y árboles en su patio
Que penetraban por las ventanas de su casa…
Su hermosa y cariñosa mujer,
Su olor inconfundible
Y las huellas de su presencia en los mínimos detalles de su morada…

La suciedad y complejidad del campo de batalla
Las líneas gruesas y robustas de los ejércitos
El olor del barro, comida putrefacta y desechos del campamento
Que penetraban por las narices de los soldados…
El horripilante e indolente ejército que se acercaba…
Su olor inconfundible
Y las huellas de su presencia hasta en los mínimos detalles de su casa…
Sí, aquella casa cuya presencia se había extinguido por la brutalidad del enemigo.

El ejército se aproximaba, la batalla se desencadenaba.

Cuánta sangre debían regar los campos
para hacer nacer nuevas flores!

Autor:Héctor Hernández Opazo.